Por Luije Capobianco
Hay días en los que quiero crear todo, y días en los que quisiera apagarlo todo.
Este blog nace de ese punto medio: entre el impulso incontrolable de construir algo visualmente bello y la necesidad de desaparecer tres meses en una montaña sin señal, sin scroll, sin tener que gustarle a nadie.
Porque sí, amo crear. Amo el diseño, las historias, las ideas que se convierten en imágenes, videos, marcas o caminos visuales. Pero hay algo profundamente contradictorio en este tiempo digital: mientras más presente estás, más necesitas irte. Mientras más compartes, más te desgastas. Mientras más contenido generas, más vacío puede sonar el eco.
Este blog no es un diario de productividad. Es una pausa.
Un espacio donde quiero escribir sin algoritmo, sin CTA, sin hashtags. Quiero hablar de procesos creativos reales: los inspirados, los frustrados, los que me sacan una sonrisa y los que me hacen cerrar el editor a la mitad porque no me reconozco en lo que estoy haciendo.
Mantenerse vigente hoy en día no es solo difícil, es agotador. Porque no compites solo con otros creadores, compites con el pulgar de alguien que decide en 1.3 segundos si pasarte de largo o darte un corazón.
Pero acá no quiero que me des un like. Quiero que te quedes. Quiero que leas. Quiero que, por un segundo, también te reconozcas en esta contradicción de amar lo que haces y, al mismo tiempo, necesitar desconectarte de eso para no perderte de ti mismo.
Este blog será eso:
Un lugar para escribir, para compartir, para pensar, para hablar de diseño, de marketing, de viajes, de comida, de lo que pasa en el mundo y en la cabeza de alguien que intenta vivir una vida visual con sentido.
Tal vez a veces te escriba desde una montaña.
Tal vez desde un aeropuerto.
Tal vez desde mi escritorio, con una taza de café y mil pestañas abiertas.
Pero siempre desde la verdad.
Bienvenidos a este espacio.
Y gracias por no hacer scroll.
